LOURDES DÍAZ: el calvario que vive, «el botón antipánico sonaba en la comisaría»

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Son las 15:12 del martes y a Lourdes Díaz un escalofrío de pánico le recorre el cuerpo cuando escucha el sonido del botón antipánico. El aparato le deja un mensaje que la paraliza: “Cuidado…! El agresor está muy cerca”. Al asomarse a la puerta de su casa, descubre que afuera, arriba de un auto, está Mauro Joaquín Jaime, su ex pareja a quien ha denunciado en seis ocasiones y desde el 8 de octubre se encuentra en libertad, aunque con una tobillera electrónica y una orden de restricción que le impide acercase a menos de 500 metros de ella. Más de media hora después, el botón antipánico continúa sonando en la comisaría adonde, según relata, no le quieren tomar la denuncia. Desde entonces, su vida, otra vez, es un calvario.

“Ha sido un momento muy desesperante. Cuando el botón empezó a sonar desde el 911 se comunicaron conmigo y les pedí por favor que me manden un móvil, pero me respondieron que lo iban a llamar a él para que se aleje. Estaba muerta de miedo, el aparato debe haber estado sonando unos 45 minutos. La policía llegó como una hora después y el agresor ya se había ido”, relata la joven de 18 años que, ante la falta de respuestas, tuvo que salir ella misma acompañada por su madre y su hermano a ver si la persona denunciada estaba por ahí. Al salir, lo encontró frente a su casa: “No me dijo nada, pero con la cara lo decía todo. Yo percibí que él estaba con mucha bronca. La verdad que sentí mucho miedo”.

Ante esta situación, Lourdes se dirigió junto a su hermano a la Comisaría Sexta, pero la respuesta fue la indiferencia y el maltrato: “Yo tengo una comisaria a menos de dos cuadras de mi casa. Fui hasta ahí para hacer la denuncia y, lamentablemente, me trataron muy mal, no me querían tomar la denuncia, me decían que no podían porque les estaban dando de comer a los detenidos, que estaban ocupados, que yo no tenía nada que hacer ahí porque me correspondía otra comisaria cuando esa es la que está más cerca de mi casa…Al final me tomaron la denuncia porque estaba con mi hermano y él habló y les pedíamos por favor que me tomen la denuncia. No les importaba nada, el botón antipánico seguía sonando en la comisaría y no hicieron nada… Encima me trataron mal, la que peor me trató fue una mujer policía”. 

Tras mantener una relación de ocho meses, Lourdes denunció el pasado 9 de marzo por primera vez por agresiones y amenazas de muerte a quien entonces era su pareja: “Me golpeaba, me hostigaba… hice seis denuncias y él estuvo preso dos veces por estas causas. Cuando quedó libre tenía la esperanza de que ya no volviera a molestarme”. Según explica, su agresor fue detenido el 5 de mayo, pero lo liberaron el pasado 8 de octubre: “Me dijeron que lo habían soltado y que le habían dado una orden de restricción de 500 metros. A mí me dieron el botón antipánico y a él le pusieron una tobillera electrónica. Todo este tiempo me dijeron que me quede tranquila, que ya faltaba poco para el juicio, pero lo único que hacían era extender la prisión preventiva porque condena fija todavía no tiene”. 

“La verdad que hasta ahora desde la justicia no me dieron ninguna respuesta concreta y yo sigo en la espera. Desde la fiscalía me llamaron hoy al mediodía y lo único que hicieron fue tomarme la declaración y nada más. Para mí es muy frustrante y angustiante estar así, ya pasé por mucho. Yo vivía en Yerba Buena y hace un tiempo me cambié acá a la capital con la esperanza de que no me iba a encontrar, pero ahora es peor que antes… Si anduvo por acá, ya se puede esperar cualquier cosa”, relata la joven el martirio que atraviesa por estos días desde que sonó el botón antipánico. Según revela, no es la primera vez que sucede y siente mucho temor por lo que pudiera llegar a sucederle.

Lourdes se cambió de casa y cuenta con asistencia psicológica para tratar de rehacer su vida. Después de ese episodio, no ha vuelto a salir a la calle ya que teme lo peor. Ante la falta de respuestas de la justicia, decidió publicar su caso en sus redes sociales: “Lo publiqué en las redes porque sentía miedo y sentía que no me quedaba otra opción. Claramente, no están haciendo nada y se lo están tomando a esto muy a la ligera”. La joven se siente acechada por su agresor. El suyo es un pedido desesperado de ayuda: “Lamentablemente lo único que puedo hacer es quedarme en mi casa y tratar de hacer lo que más puedo desde acá. No estoy saliendo ni puedo hacer una vida normal porque siento miedo. Creo que la mejor solución es que lo condenen. La verdad que no es justo que yo esté pasando por esta situación otra vez y que nadie haga nada. Lo detienen y vuelve a salir y, cada vez que sale, sale peor”. 

Fuente: el tucumano.